Solo en Cristo – Solo Christus

- Iglesia Presbiteriana Buenas Nuevas - Reformada Confesional

“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”,Juan 14:6

Hemos llegado a la cuarta Sola, una enseñanza que, al igual que las demás Solas, forma parte de la columna vertebral de la fe cristiana: Solo en Cristo hay salvación. La palabra de Dios lo dice de esta manera:

“Este Jesús es la PIEDRA DESECHADA por vosotros LOS CONSTRUCTORES, pero QUE HA VENIDO A SER LA PIEDRA ANGULAR. Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hch 4:11-12).

Esta verdad es consistente con las palabras de Juan 14 con que iniciamos este artículo,  y que forman parte de una larga conversación que los discípulos tuvieron con el Señor la noche antes de la crucifixión. Ese último momento debió de haber sido una noche pesada y llena de confusión. La confusión entre ellos es reflejada por la pregunta de Tomás en el v. 5: Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?, a lo que Jesús responde con su afirmación de que Él es el camino, la verdad y la vida. Él llevó a Tomás a hacer la pregunta que produjo esta respuesta que Tomás y los demás necesitaban conocer. Ahora bien, ¿qué nos estaba enseñando Jesús con estas palabras? Veamos cada una de estas afirmaciones,  y cómo se relacionan a Solus Christus.

Yo soy el camino

Antes de la caída, Adán tenía acceso a la presencia de Dios; pero al pecar se desvió, y él y nosotros, sus descendientes, perdimos el camino de regreso. Aunque Adán conocía dónde estaba Dios, él perdió el “mapa” para regresar. En el proceso, Satanás vino y cambió todos los letreros de las carreteras y colocó múltiples nuevos letreros que dicen: “Moralidad”, “Filosofía”, “Superación personal”, “El poder de tu mente”, “Tu mejor esfuerzo”, y a todos les colocó debajo el subtítulo “Hacia Dios”. Pero ninguno de ellos podía llevar a Dios. Lo único que puede ayudarnos es una persona que haya venido de allá, que conozca el camino y nos lleve hasta allá; y esa persona es Jesús (Jn. 3:13 ). Las demás religiones te ofrecen sabiduría humana envuelta en un lenguaje místico, que le es atractivo al hombre en su condición caída. Jesús nos ofrece una relación personal a través de la cual vamos siendo transformados a su imagen.

Se cuenta que en una ocasión un viajero contrató un guía para que lo condujera a través de un área desierta. Cuando llegaron al comienzo del desierto, el viajero vio que toda la arena lucía igual, y que no habían huellas por ningún lugar. El viajero preguntó: “¿Dónde está el camino para transitar por el desierto?”, a lo que el guía le respondió: Yo soy el camino. Así ocurre con Jesús[1].

Yo soy la verdad

Todos los demás caminos prometen llevar al hombre a Dios, pero le mienten y le engañan. Cuando Adán cayó, él cayó, porque creyó una mentira; y desde entonces él perdió su habilidad de diferenciar la verdad de la mentira. Esta es la razón por la que los descendientes de Adán hemos creído tantos engaños. Por tanto, el Cristo decir la verdad no iba a ser suficiente, porque nosotros no sabríamos cómo diferenciarla de la mentira. De ahí que Cristo no vino solo a decir la verdad, sino a encarnarla, para que nosotros que no sabemos discernir la verdad del error, podamos encontrarla en su persona.

Yo soy la vida

Al Adán caer, las consecuencias de su caída fueron devastadoras, hasta el punto que la Biblia nos informa que quedamos muertos en delitos y pecados; lo cual nos imposibilitaba el regresar a casa. Eso hizo necesario que Cristo viniera y se identificara como la vida en quien nosotros podemos resucitar.

Cuando Dios creó a Adán y a Eva, en medio del huerto había un árbol del cual ellos no podían comer. ¿Recuerdan el nombre del árbol? “El árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y el mal”, (Gn.2:17). El primer Adán perdió la vida al desobedecer; ahora en el segundo Adán el hombre recobra la vida. Es increíble cómo en el huerto del Edén Dios le prohíbe a Adán y a Eva comer del árbol de la vida, pero ellos decidieron comer. Sin embargo, en el NT, Cristo se ofrece como el pan de vida, como el árbol de la vida del cual todos podemos comer, pero el hombre no quiere comer de Él.

Pudiéramos resumir lo que hemos dicho hasta ahora de esta manera:

  • Cristo es el camino que hay que seguir.
  • Él es la verdad encarnada que tenemos que creer.
  • Él es la vida que tenemos que vivir.

El único camino, pero no el más transitado

Si bien Jesús es el único camino al Padre, Él no es la vía más transitada. Hay tres caminos que el hombre regularmente ha decidido seguir[2]:

El primero es el camino de la naturaleza. Aquellos que dicen: “yo adoro a Dios en la naturaleza”, “yo adoro a Dios jugando golf”. Y no dudamos que adoren a dios, excepto que el dios que esos adoran no se llama Jehová o Cristo, sino que adoran al dios naturaleza, o al dios golf, o al dios YO. Y eso es idolatría; una abominación a los ojos del Dios verdadero.

El camino de la moralidad. Muchos piensan que si vivimos una vida buena, eso nos ganará el cielo. ¡Y es cierto! El problema es que no ha habido una sola persona, ni la habrá, que pueda vivir esa vida buena, porque la palabra revela que no hay una sola persona justa fuera de la persona de Jesús. Pablo lo expresa de esta manera:

“como está escrito:
NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; 11 NO HAY QUIEN ENTIENDA,
 NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS; 12  TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INUTILES;
  NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO,
 NO HAY NI SIQUIERA UNO” (Ro. 3:10-12).

De manera que aquellos que están confiando en su moralismo entran a la condenación creyendo todo el tiempo que serían salvos. Su “buena vida” los hizo perder. Hay una sola cosa peor que estar perdido sin Dios y es estar perdido y creer estar en el camino correcto.

El camino de la religión. Este es el tercero de los caminos del hombre, donde están los que dicen: si voy el domingo, doy mi diezmo, y participo en algunas de las actividades de la iglesia, tengo el cielo garantizado. Estos mueren y entran a una eternidad de condenación siendo súper religiosos, pero no convertidos, ni transformados. No importa si el camino es el del Hinduismo, que afirma que al final de mis reencarnaciones me uniré a Brahma; o si sigo los ocho pasos del Budismo, tratando de deshacerme de mis deseos egoístas; o si sigo el camino de la obediencia a Alá… al final todos estos nos dejan perdidos en el desierto, y al morir termino en la condenación eterna.

Cuando la verdad se encarnó en la persona de Jesús, todo sistema religioso, incluyendo el judaísmo, quedó reemplazado.

Mientras que  Confucio dijo: Yo nunca dije que era santo.

Jesús preguntó: ¿Quién me acusa de pecado? (Jn. 8:46 )  ¿Y la respuesta fue? Nadie.

 

Mientras que Mahoma dijo: Si Dios no tiene misericordia de mí, no tengo esperanza.

Cristo dijo: El que obedece al Hijo tiene vida eterna (Jn. 3:36 ).

 

Mientras que Buda dijo: soy alguien en búsqueda de la verdad.

Cristo dijo: Yo soy la verdad (Jn. 14:6 )

Confucio enseñó por unos veintidós años. Mahoma por un tiempo similar. Buda enseñó unos veinticinco años. Entre los tres enseñaron casi setenta años. Jesús enseñó sólo por tres años, pero ningún otro personaje de la historia ha impactado el curso de la civilización como lo hizo este hombre en tres años de enseñanza y dos mil años de impacto. Confucio murió divorciado; Mahoma tuvo 11 esposas y muchas concubinas, a pesar de que el Corán solo permite 4; Buda abandonó a su esposa y a su hijo. Sin embargo, Cristo murió sin pecado.

Jesús fue enterrado un viernes y resucitó el domingo, cumpliendo su propia profecía, algo que ningún otro ha podido hacer. Cristo no solo dijo ser el camino, la verdad y la vida, sino que también dijo “…Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn. 11:25 ). Y porque Él vive, yo también viviré.



[1]Michael Green, Illustrations for Biblical Preaching, (Grand Rapids: Baker Book House, 1982,),421.

[2]Montgomery Boice, James; The Gospel Of John, Vol 4, (Grand Rapids: Baker books, 1999), 1083-1085.